La poesía: un género que revela y da oportunidades

La conmemoración del Día Mundial de la Poesía es una buena ocasión para hablar sobre el género y su aporte a la humanidad. Compartimos algunas reflexiones y cinco recursos para abordarla en clase.

En una entrevista de 2012, el escritor argentino Washington Cucurto declaró: «la poesía me salvó la vida. Si no hubiese conocido la poesía (…), hubiera terminado muerto en una zanja, porque francamente no tenía otras oportunidades». El lugar salvífico que Cucurto le otorga a la poesía se parece bastante al que le da el joven poeta César González, también argentino, conocido por su seudónimo Camilo Blajaquis. Con un pasado en el delito que lo llevó a pasar cinco años a la cárcel, González se forjó nuevas oportunidades gracias a los libros que le facilitó allí un tallerista de magia. Esos libros le despertaron el amor por la lectura y, en particular, sobre la poesía.
Exageración o realidad, es cierto que la poesía nos cambia. En ella hay algo primario y ancestral que nos convoca. La palabra poética es una ventana abierta para expresar los sentimientos, una forma de pensar lo que vivimos, un desafío para el intelecto y una invitación al juego.

Las nanas y las rimas infantiles son, posiblemente, nuestra primera aproximación al género. Con ellas, descubrimos todas las posibilidades de juego que nos da la poesía. Y también aprendemos que en ese juego hay reglas: mapa rima con tapa, pero no con corazón. La gracia está en que tanto yo como el otro respetemos las reglas.

Sobre esta base, la escuela nos propone la lectura en voz alta y la declamación. Desde las clases de Lengua y Literatura y de actividades extraescolares como los talleres literarios, la poesía nos conecta con nuestra voz y con una audiencia. La palabra dicha tiene melodía, ritmo, pausas. Y también, susurros y exclamaciones. El otro importa porque con ese otro comparto la palabra. Es el otro el que me escucha o no me escucha, el que reacciona a lo que declamo, el que se emociona. ¿Cuánto nos enseña la poesía sobre nuestra propia voz, sobre nuestra capacidad para decir lo que queremos decir? ¿Qué lugar nos da el recitado ante los demás?

Aunque hoy se asocia el oficio de poeta a la cultura escrita, es bueno recordar que, desde sus comienzos, la poesía estuvo muy ligada a la música. El género debe su nombre (lírico) a la lira, instrumento que acompañaba el recitado de los aedos. Por eso, aun hoy, si un poema es bueno, sentimos la necesidad de pronunciarlo, de darle cuerpo con la voz.

Por esta característica, en la actualidad, la poesía oral es una fuerte tendencia entre los jóvenes. Los slam de poesía oral son competencias de poetas que recitan en vivo sus poemas. Igual que en un mundial de fútbol, hay rondas de clasificación. Leen todos en una primera ronda y el público elige quiénes pasan a la siguiente; así hasta que se define el ganador. Esta modalidad se detiene en la experiencia: si uno no presta atención, se pierde la belleza que hay en lo efímero, la experiencia única del hecho artístico. En esto, se emparenta con la experiencia teatral.

Fuente: Educar