La pasión por contar, ese impulso antiguo de la literatura, que no se apaga

Los mecanismos que ponen en funcionamiento la imaginación, según diez narradores de distintas generaciones que participan del festival

Silvina Premat
N RAFAEL (Mendoza).- “Todos tenemos una historia en la punta de la lengua, seamos escritores o no.” Eduardo Belgrano Rawson comenzó con esta afirmación la charla de apertura del V Filba nacional, el jueves, y anticipó quizá sin quererlo lo que iba a suceder hasta hoy, cuando se dé por cerrado ese festival. Una treintena de escritores se contaron unos a otros historias propias y ajenas en los almuerzos y cenas, y compartieron muchas de ellas con el público, que, pese al mal tiempo, llenó el aula magna de la Universidad Nacional de Cuyo y los espacios de la biblioteca popular Mariano Moreno para las distintas actividades.

El escritor, a quien los organizadores le pidieron que hablara sobre la pasión de contar, desplegó en poco más de 20 minutos sus dotes de conversador y su ironía provocadora. Compartió muchas anécdotas que prueban que un escritor tiene que confiar en el instinto que lo hace persistir en la intención de contar una historia determinada. Recordó, por ejemplo, que cuando era un joven periodista, y firmaba aún como Eduardo Silento, vivía en una pensión en Sarmiento y Callao mientras escribía historietas para algunas revistas. Allí conoció a un cubano que despreció sus creaciones y le ofreció contarle su historia para que la escribiera. “Yo fui paracaidista en la invasión a Bahía de los Cochinos. Estuve dos años detenido por Fidel y me cambiaron por 52 millones de dólares en medicamentos.” Bastaron esos datos para que Belgrano Rawson aceptara escuchar una historia que no creyó, pero que le resultó sumamente interesante. La volcó luego en una de sus historietas y, después de haber sido rechazada por varios editores, la olvidó por completo hasta que muchos años después la retomó, investigó, y escribió Rosa de Miami, una de sus novelas más famosas. “Después de escribirla, la hija de aquel cubano se contactó conmigo y me dijo que la historia que me había contado su padre era verdadera”, dijo Belgrano Rawson, quien también describió sus viajes en busca de datos para otras novelas, impulsado sólo por un presentimiento. “Todas esas idas y vueltas que uno va dando son siempre en busca de una historia”, señaló, y se preguntó cómo reconocer una historia potente. “No hay fórmulas”, sentenció.

Sacheri, Belgrano Rawson, Andruetto y Enríquez coincidieron en la importancia de la lectura
Sacheri, Belgrano Rawson, Andruetto y Enríquez coincidieron en la importancia de la lectura.
La falta de fórmulas se vio también durante estos días del Filba en esta ciudad, en su capacidad para atraer al mismo tiempo a un público joven y adulto. Así ocurrió ayer a la mañana en el diálogo que mantuvo Eduardo Sacheri, destinado originalmente a adolescentes pero en el que éstos eran poco menos de la mitad del público. O en el auditorio que el viernes a la noche asistió a la “Noche de la poesía”, en la Biblioteca Mariano Moreno, cuyos libros dieron el marco natural a las voces poéticas que en tono contemporáneo cautivaron a todos.

Bitácora de los caminos del vino

Historias propias

En un panel dedicado a situaciones límite, sorprendieron, por sus dramáticas historias de vida, Iván Moiseeff, Tálata Rodríguez y Mariana Enríquez

Arte para discutir

Eduardo Belgrano Rawson y María Teresa Andruetto discutieron, en una de las mesas, sobre la capacidad de lectura o el analfabetismo de los jóvenes de hoy

Otra película de Sacheri

En una entrevista pública que hizo Patricia Kolesnicov, el autor de La pregunta de tus ojos contó que está escribiendo un guión para un film de Juan José Campanella

Luis Chitarroni: decir lo que no se puede decir

La pasión es atravesar las dos nebulosas que son ser lector y ser escritor. Cuando era chico, había una cuestión muy diferenciada entre lo que a mí me gustaba leer y lo que me daban a leer en la escuela, y no sabía establecer claramente qué hacía que me gustara lo que me gustaba. Con el paso del tiempo, para mí el gusto de contar es como poder contar aquello que no se puede decir, aquello que no se puede contar.

Eduardo Sacheri: monólogo compartido

Siempre subordino mi escritura a mis lecturas. Me doy cuenta de que escribo porque leo. Lo que más me apasiona es leer sobre Historia, y escribir, para mí, es como leer algunas historias que quiero leer y no están. Así empecé y así sigue siendo ahora. No en el sentido de que vengo a la literatura universal a traer no se qué cosa. No, al revés; quizá son nimiedades que tengo ganas de leer, personajes que quiero ver viviendo. Y escribir es un modo de contármelo a mí mismo.

Mercedes Araujo: una sorpresa ante el mundo

Cuando era chiquita nos cuidaba una chica que tenía una gran capacidad para contar historias. Nunca siento que tengo definitivamente el texto, pero sí que en algún momento hay que largarlo y buscar la próxima historia. Al escribir uso el lenguaje como una manera sorprendida de ver el mundo y nunca dando por descontado lo que está ocurriendo, sino mas bien deslumbrándome. La necesidad de contarnos historias unos a otros tiene que ver con la construcción de la subjetividad.

Jorge Consiglio: lecciones de sobremesa

Narrar o relatar tiene que ver con legitimar, darle sentido o dar entidad a lo real, o a lo vivido, o a la materia que te convoca para ser relatada. No sólo eso; también es ponerla en crisis, criticarla. En principio, creo que somos seres que narramos constantemente. ¿Cuando lo tengo confeccionado? Nunca lo sé. Es algo muy misterioso. Sí creo tener una idea de cuándo comencé a fascinarme con esto, que se relaciona con las sobremesas de cuando era chico, en mi casa.

Gabriel Dalla Torre: quedarse en la memoria de otro

Mi primera novela es sobre un grupo de travestis que vivía en Mendoza y tenía millones de historias. Ésa fue la primera vez que me decidí a contar algo; eran historias ajenas, un folklore que iba a morir ahí si alguien no lo ponía en papel. Hay historias que me han contado que quizá no sean tan buenas, pero la forma en que están contadas hace que queden en la memoria. La pasión por contar tiene que ver con manipular forma, impactar y quedarte en el otro para siempre.

María Teresa Andruetto: la búsqueda del tono

Ligo la pasión por contar a los momentos primeros de la vida, porque el contar estuvo mucho antes que leer y está detrás, por debajo y antes de la escritura. Siempre tengo, cuando escribo, una imagen ante mis ojos y una voz en el oído, un tono que me gusta e intento captar. Incluso en el poema, porque me interesa la poesía que también cuenta, donde es muy delicado el equilibrio entre no volver prosaico el poema y mantener un ritmo, una música, uno tono en eso que se cuenta.

Gabriela Massuh: obsesiones muy singulares

La pasión por contar nació cuando me di cuenta de que la realidad ya no provocaba más escándalo; que la realidad era tan brutal que había anestesiado a los lectores. Entonces, necesité ponerme a escribir para generar cierto tipo de escándalo. O sea, en mis libros siempre aparece gente obsesionada con algo con lo cual los demás no se obsesionan; gente que siente pasión por contar historias que los demás no entienden y que los diarios dicen que a nadie le interesa.

Eugenia Almeida: poner el oído y el ojo

Es una pasión que está siempre presente en todos los que escribimos. Es una pasión que, como toda pasión, nunca se termina de satisfacer completamente. Si estuviera totalmente satisfecha, sería un matrimonio terminado. No es mi caso y creo que no es el caso de ninguno de los colegas que están acá. Creo que tiene que ver con la posibilidad de estar atentos a las historias que hay alrededor y tratar de ponerles el oído y el ojo, y también con la posibilidad de vivir otras cosas. Para mí la escritura es eso.

Hernán Ronsino: un insistente rumor de fondo

De chico fui un espectador de historias, de hazañas contadas tanto por los parientes de mi madre, que son inmigrantes italianos, como por los de mi padre, que son argentinos. La familia de mi madre viene de la guerra. Los parientes de mi padre tienen un taller mecánico en Chivilcoy, por el cual desfilaban personajes de todo tipo, y yo siempre escuchaba. Cuando empecé a escribir y me metí en la literatura, todas esas historias estuvieron siempre como un rumor de fondo.

Mariana Enríquez: contar lo que se quiere leer

Publiqué mi primera novela a los 20 años. Me pregunto ahora qué tenía tanta necesidad de contar entonces, y además por escrito, que no es lo más habitual cuando tenés esa edad. La respuesta a esa pregunta, en ese momento y ahora también, sigue siendo la misma. Yo trato de contar lo que tengo ganas de leer y no encuentro. Después, lo que me puede ocurrir muchas veces es que lo que cuento no termine cuajando como yo lo imagino.

El autor es crítico literario y periodista

Fuente: La Nación

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