La lectura: una invitación a “no dejarse conquistar por la palabra monocorde”

De visita en el festival de literatura FILBA, la escritora cordobesa María Teresa Andruetto, autora de una celebrada obra para niños y adultos, identifica algunas transformaciones en la producción literaria de los últimos años a la que vincula con las tradiciones culturales de cada tiempo.
De visita en el Festival de Literatura Filba, la escritora cordobesa María Teresa Andruetto, autora de una celebrada obra para niños y adultos, identifica algunas transformaciones en la producción literaria de los últimos años a la que vincula con las tradiciones culturales de cada tiempo, y sostiene que la lectura sirve para “no dejarse conquistar por la palabra monocorde”.

Su primera novela, “Tama”, la escribió a los 28 años, aunque ya en la escuela primaria aprovechaba los recreos para narrar algunas de las historias que leía de la biblioteca de su casa, la única que había en su pueblo, Arroyo Cabral. A los 40 empezó a publicar, primero en sellos de su provincia y pronto se consolidó a nivel nacional con libros de poesía, cuento y novela, para chicos y para grandes.

Andruetto(1954) es responsable de una trayectoria más que aplaudida, que le valió el premio Hans Christian Andersen, el Nobel de Literatura de niños, como lo llaman. Pero ella no sólo escribe, también lee y mucho. Se formó como docente y desde sus primeros pasos lleva adelante un trabajo de promoción de la lectura, por el cual recorre el país y otros puntos del mundo.

– Télam: ¿Por qué su interés por la lectura, cuál es su valor?
– Andruetto: Porque creo que un buen lector es aquel capaz de dejarse atravesar por un libro, de penetrarlo, de elegir y recomendar y de no dejarse conquistar por la palabra monocorde. Es capaz de leer irreverentemente. Pienso que una persona así ha enriquecido su campo de experiencia personal y se construye como una persona más crítica, más consciente de sí y de su lugar en el mundo.
Y esa experiencia se traslada también en términos sociales: una sociedad lectora es una sociedad menos adormecida por la prepotencia de discursos. ¿Por qué uno lee? Para conocerse más a uno mismo, y conociéndose puede conocer más la sociedad en la que vive.

– T: A su entender, el status de escritor lo da el reconocimiento de los lectores y no el mero hecho de publicar. ¿Cómo entiende entonces el auge de autores en el último tiempo?
– A: Efectivamente, hay mas escritores fruto de un país que tiene más lectores. Hay también muchas editoriales y aunque hay muchos lectores tenemos que seguir trabajando profundamente en torno a ese tema. Pero lo cierto, también, es que si uno compara Argentina con el resto de América Latina, tenemos la proporción más alta de lectores.
Argentina es vista como un país potente en su nivel lector y en su nivel de escritores. Yo hago el chiste de que hay más escritores que gente. Es muy difícil hacerse un lugar en la literatura argentina porque hay mucho y hay bueno. Es complejo entrar en ese corpus.

-T: ¿Cree que el ingreso a ese corpus es más complejo si se produce por fuera de la ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo fue en su caso?
– A: Ahora yo tengo una circulación nacional pero nunca me vi como una escritora que tenía que estar en Buenos Aires o que subestimara su propio entorno. Siempre me sentí muy reconocida por Córdoba y nunca lo viví como un lugar menor. Y siempre supe que había que había construir más en Córdoba y en la medida de mis posibilidades me dediqué a eso.
Por otro lado, Córdoba es particular porque en torno al 2001 se dejó de esperar que Buenos Aires bendijera a la provincia y entonces se generaron nuevos proyectos editoriales con una diversidad de camadas jóvenes que le ponen mucha energía a la visibilización de lo que hacen. En todo caso, creo que lo que falta es un soporte del Estado a esas expresiones, que sigan siendo independientes pero con una ayuda.

– T: Por su trabajo de promoción de la lectura y como narradora, viaja mucho por todo el país y ha podido sacar una radiografia de la situación al interior de Argentina ¿percibe, como en Córdoba, esa alternativa de pensar por fuera de los cánones de concentración porteña?
– A: Creo que ha cambiado mucho en estos últimos años el modo de circulación de los bienes culturales producidos en el país, respecto a los años 90 cuando la centralización era muy fuerte. Y hablo de circulación y no de producción porque desde siempre ha habido, en los distintos lugares, expresiones culturales muy interesantes que no han podido capitalizase en todo el país y han quedado en un coto regional.
Eso ha cambiado un poco por el modo virtual de comunicación que permite acceder a expresiones de todo el país y por la proliferación de editoriales pequeñas en las provincias, que permiten la visibilización local de escritores que de otro modo no hubieran llegado a los grandes grupos editoriales.

– T: Y en términos literarios, ¿cómo cree que se dio esa transformación en el proceso de federalización o descentralización?
-A: En los años 40 o 50 los escritores provenían de los sectores más aristocráticos de la sociedad, entendible porque podían acceder a una lectura más rica y a autores extranjeros a los que leían en sus lenguas: un (Jorge Luis) Borges, un (Adolfo) Bioy, una Silvina o Victoria (Ocampo) o una María Rosa Oliver. Salvo Roberto Arlt casi todos venían de esos sectores, y en caso de ser de provincia se mudaban a Buenos Aires porque era el único modo de ser escritor.
En los años 60, generación post Borges y Cortázar, algo sucede porque muchos escritores, desde Daniel Moyano hasta Antonio Di Benedetto o Sara Gallardo, provienen de provincias y siguen viviendo en sus ciudades, muchas veces alejadas de las grandes ciudades. No se mudan. Y además pertenecen a las clases medias, son escritores que trabajan de algo para vivir. Son maestros o periodistas.
Es una generación que tiene mucho qué decir sobre sus lugares y eso genera un gran cambio en la literatura. Aparece un realismo no costumbrista de los dramas de vivir en provincia o de la gente común; crece una gran diversidad de lenguajes. Quiero decir: se dio toda una transformación en la literatura misma para que hoy tengamos la gran cantidad de escritores que tenemos.

-T: ¿Y cómo se hace para elegir entre tantos?
A: ¿Es curioso, no? Bueno, cada uno tiene sus propias dinámicas pero hay cosas que se pueden hacer: hay espacios especializados, blogs, libreros, red de lectores. También es bueno seguir a los autores que uno ya conoce. Siempre uno anda un poco atrasado con tanto que hay…

-T: En sus charlas con docentes y lectores, usted habla de `país lector´ ¿ a qué se refiere?
-A: Tengo una doble idea que me atraviesa a mí por mis orígenes y mi forma de ver el mundo: por un lado, la búsqueda de una escritura ligada a la pretensión de que la escritura sea una experiencia de lenguaje. Creo que lo importante es lo que se cuenta y cómo se cuenta.
Y por el otro, el deseo de que eso que estaba destinado a unos pocos se socialice y se extienda cada vez más a distintos sectores de la sociedad. En eso he versado toda mi vida como lectora, escritora y docente.

Fuente: Telam

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